Yo esperaba una respuesta, y tu tan solo tenias montones de preguntas,
con enormes interrogaciones colgando frágiles encima de tu ser,
¿de verdad habíamos llegado hasta este punto sin una sola afirmación decente?
Puede ser que la vida nos deparase algo escondido tras la cortina,
envuelto en papel de regalo, puede que frio, pero firme,
como arena de playa mojada por la lluvia de invierno.
Eterno como un recuerdo intermitente, como un instante congelado,
como ese espacio de tiempo maravilloso que nos aguarda el futuro incierto,
como un secreto guardado a fuego dentro de tu fina piel.
Y puede ser que alguna vez, quizá soñase contigo, antes de conocernos,
antes de que toda la ciudad ardiese en llamas tras el paso de los bombarderos,
antes de que todos esos castillos de cristal volasen convertidos en polvo.
Tu finalmente marchaste,
yo continué en mi acogedora charca, con mi barquito de papel, y pequeños
nenúfares a punto de estallar en flor, con mis cervezas interminables
y largas noches de bolígrafo, papel y teclado envuelto en humo.
Aquí, la primavera ya había comenzado.
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