aun queriendo no estoy bebido
debido a mi fiel enemigo
he aprendido a recordar el olvido.
Divino tesoro perdido, intimido,
tímido, escondido en ruedas de molino,
amolando la piel del destino, confío,
me siento el dueño de mi mismo.
Por mucho que tarde sigue siendo mi sino,
en las fauces de la tinta afligido,
tantos golpes en el pecho he sentido
que cada vez mas fuerte sobrevivo.
Mientras tanto, fumo y dudo,
si, fumo y dudo, fumo y dudo, dudo,
y el alcohol sigue bajando, flujo continuo
por mi garganta, como lo haría en un embudo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario