jueves, 27 de febrero de 2014

Inferno

Ah, por cierto, solo una cosa más,
la próxima vez, será en el infierno, como cuando nos conocimos,
esa primera cita tímida e inocente al principio así como lujuriosa al final,
así será, sin café y sin hablar, porque nuestras miradas
nunca necesitaron palabras, solo un lenguaje corporal, sexual.

Desde el principio, nunca nos gustaron esos cafés idiotas
donde se producen conversaciones y situaciones vergonzosas.

Siempre supimos que nosotros no éramos así,
cambiamos el café por cerveza y la conversación, por sexo,

pero siempre nos faltó una cosa, solo una cosa más…



Quizá soñé contigo

Dentro de cinco años, o quizá fue hace cuatro,
despertamos después de una siesta en el sofá de una casa de piedra,
blanca, sin tejado,  dejando coronar a una terraza de color rojizo
igual que los marcos de las ventanas. Nos miramos fijamente,
no hablamos, tan solo nos miramos como si no hiciesen falta las palabras,
caminamos juntos hacia la salida y al cruzar la puerta
nos encontramos directamente sobre un manto de arena fina,
grisácea, casi blanca, delante, el mar Mediterráneo,
pero un mar Mediterráneo nuevo, como renovado.

El sol parece tímido, escondido entre una fina capa de nubes semitransparentes,
caminamos hacia él, el agua es de color azul oscuro, casi eléctrico,
pero se puede ver a través de ella. Cuando queremos darnos cuenta
estamos nadando mar adentro. ¿Puedes sentir esa sensación?
La libertad, los músculos bombeando el flujo sanguíneo,
el cabello mecido por el liquido elemento. Tras unos minutos de trance viajero
llegamos a una isla, nuestra isla…

¿Lo recuerdas?

Quizá no lo recuerdas porque nunca sucedió, o porque quedo tan lejano
que tu memoria no pudo retenerlo, quizá es un método de autodefensa.

Siempre supimos que las experiencias dolorosas
es mejor empujarlas hasta lo más profundo,
lo más oscuro antes de llegar al alba y solo dejar salir un rayo de sol.

Para no volver a repetirlas…

Sobrevivo

En la mano una copa de vino
aun queriendo no estoy bebido
debido a mi fiel enemigo
he aprendido a recordar el olvido.

Divino tesoro perdido, intimido,
tímido, escondido en ruedas de molino,
amolando la piel del destino, confío,
me siento el dueño de mi mismo.

Por mucho que tarde sigue siendo mi sino,
en las fauces de la tinta afligido,
tantos golpes en el pecho he sentido
que cada vez mas fuerte sobrevivo.

Mientras tanto, fumo y dudo,
si, fumo y dudo, fumo y dudo, dudo,
y el alcohol sigue bajando, flujo continuo
por mi garganta, como lo haría en un embudo.