jueves, 27 de febrero de 2014

Quizá soñé contigo

Dentro de cinco años, o quizá fue hace cuatro,
despertamos después de una siesta en el sofá de una casa de piedra,
blanca, sin tejado,  dejando coronar a una terraza de color rojizo
igual que los marcos de las ventanas. Nos miramos fijamente,
no hablamos, tan solo nos miramos como si no hiciesen falta las palabras,
caminamos juntos hacia la salida y al cruzar la puerta
nos encontramos directamente sobre un manto de arena fina,
grisácea, casi blanca, delante, el mar Mediterráneo,
pero un mar Mediterráneo nuevo, como renovado.

El sol parece tímido, escondido entre una fina capa de nubes semitransparentes,
caminamos hacia él, el agua es de color azul oscuro, casi eléctrico,
pero se puede ver a través de ella. Cuando queremos darnos cuenta
estamos nadando mar adentro. ¿Puedes sentir esa sensación?
La libertad, los músculos bombeando el flujo sanguíneo,
el cabello mecido por el liquido elemento. Tras unos minutos de trance viajero
llegamos a una isla, nuestra isla…

¿Lo recuerdas?

Quizá no lo recuerdas porque nunca sucedió, o porque quedo tan lejano
que tu memoria no pudo retenerlo, quizá es un método de autodefensa.

Siempre supimos que las experiencias dolorosas
es mejor empujarlas hasta lo más profundo,
lo más oscuro antes de llegar al alba y solo dejar salir un rayo de sol.

Para no volver a repetirlas…

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