sábado, 5 de enero de 2019


Tu, y tu, también tu has vuelto a romper mi corazón de nuevo. Macabro juego en el que me elevo hasta que pierde mi ego.
Suspendo, suspendido cuando ya me han dado el aprobado. Acabado, en mi mismo ensimismado, cuando tan solo estaba empezando. 

Empecinado en seguir la senda que la patria ha marcado, altercado en mi mando. Nostalgia de un pasado que me niego a aceptar y no, no estoy preparado.

Comandos atacando en primera línea de fuego, advierten del peligro que corro desatando este nudo. Cocinando la receta rancia que marca este torcido mundo.
Mudo estaría mejor. Callado. Anclado en la tradición como un mulo. 

Y atestúo con una sonrisa siempre en mi rostro lo agradecido que me siento. Tras cada golpe del que erguido me levanté y no me derrumbó.

Marcando el rumbo a la deriva, que ordenado me guía al camino de la conciencia tranquila de mi mente suicida.
Bienvenida ácida a mi vida, torcida, ávida de esperanza dormida que después de todo sigue atraída por continuar la senda de la experiencia que queda impaciente por ser vivida.

Sin embargo me vuelvo contra mi, cada vez que se presenta una ocasión más de ser feliz.
Miedo golpea mi labio hinchado por el arrebato de tu pasión que me empeño en encarcelar. Y te alejo de mi contra mi voluntad. 

Oh, ten piedad de mi cancerbero, aguanta un poco más, que para mi están hechas las puertas del cielo. Celo que tengo verte, de verte y volverte a ver. 

Maldita sea la línea del tiempo que no se interpretar y quizá me arrepentiré. Y de nuevo me mentire para no atormentar más mi mente atormentada y lo complicado que se hace tener todavía tu aroma en mi almohada. 

Castigo divino por recorrer los renglones torcidos de dios, ser ese ángel caído, vendido y juzgado de por vida sin olvido ni perdón.


No hay comentarios:

Publicar un comentario