Y de repente va ese tío y se tira desde la estratosfera,
y pienso, que qué puede saber él del abismo
que tantas veces he sentido dentro de tus ojos al saltar al vació,
el vértigo centrifugo en mi estomago desde el ombligo,
del abrigo de un beso furtivo, de sentirme tímido,
de estar escondido, delatando mis miedos
con este temblor de piernas y manos ociosas,
y va otro tío y dice que el mundo se acaba antes de este domingo,
y digo yo, lo perdido por lo vivido...
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