miércoles, 6 de febrero de 2019

Nifelheim

Después de la tormenta desatada,
liberando lo más negro del alma
lanzándole a las fauces del aspid
como nómada de tanta cama.

Dejó paso al dormido sociopata
trasegando los entresijos del averno
que vino de donde vienen las ratas,
ya nada le ata, más que ese veneno.

Y solo fue, cuando cayó en el exilio,
que pudo comprender, que quizá,
realmente nunca había estado en casa,
que nunca había tenido un hogar.

Un lugar en el que encontrar calma,
recordando ese olor entre sus manos
que busca a solas en su cama
sin sentirla, echándole de menos.

Y aún así es capaz de echar el freno,
contener esa feroz voz de alarma
que no frena el avance sin remedio
del que sin querer, prende la llama.

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